Menos promesas, más trenes
Cada anuncio de infraestructura empieza igual: con grandeza. Termina igual también: con la promesa de que el próximo semestre será el definitivo.

Hay un patrón en nuestra retórica de infraestructura: el anuncio cuesta poco, el asfaltado cuesta mucho, y el mantenimiento no cabe en ninguna promesa de campaña.
Cada nuevo plan de transporte merece ser creído con escepticismo profesional. No porque los técnicos no sepan, sino porque la cadena de decisión se rompe en el eslabón del financiamiento.
“Lo barato no es el tren. Lo barato es seguir metidos en una maqueta.”
La prueba de seriedad no está en el kilómetro añadido, sino en el kilómetro mantenido. Gobernar es eso: sostener a la hora del presupuesto lo que se prometió a la hora de la tarima.
Columna firmada por
Samuel Bautista Visil
Director


